¿Éxito o fracaso de la amnistía fiscal? Lo peor está aún por llegar | Bartolome Borrego Zabala

¿Éxito o fracaso de la amnistía fiscal? Lo peor está aún por llegar

Una vez finalizado el improrrogable plazo concedido por el Ministerio para acogerse a la regularización fiscal, medida estrella del Gobierno más conocida como amnistía fiscal, son muchos los que afirman que ha sido un rotundo  fracaso, sin embargo, a mi modo de ver, ha sido un auténtico acierto a pesar de que no se haya alcanzado el objetivo recaudatorio que había estimado el ejecutivo, si bien, como menciono en el título: lo peor está aún por llegar…

De acuerdo con las últimas declaraciones del Gobierno, los ingresos de la Ejecución Presupuestaria que ha conseguido recaudar la amnistía ascendieron a 1.200 millones de euros, casi la mitad de los 2.500 millones que se estimaron, lo que inducía a corroborar lo que muchos pensaban acerca del resultado de esta medida: un rotundo fracaso. Estos pésimos resultados, unido entre otros aspectos al hecho de que la regularización aprobada no era total, pues excluía de la misma a impuestos tan tales como el de Patrimonio, IVA, Sucesiones y Donaciones o Transmisiones Patrimoniales, son los que motivaron ese pesimismo generalizado que, al final, ha tomado un rumbo totalmente contrario al esperado.

En esta última semana hemos sido testigos de las continuas noticias que aparecían en prensa alertando de la avalancha de peticiones para acogerse a esta medida que estaban recibiendo los despachos de asesores fiscales. Millones sacados de debajo del colchón o de la caja de seguridad del banco para ponerlos en el mostrador de la entidad financiera e ingresarlos en la cuenta corriente, vehículos blindados y personal de seguridad contratada para transportar el dinero a los bancos, etc. Lo cierto es que el mensaje del Gobierno de endurecimiento de las normas antifraude y del propio Código Penal (Ley 7/2012) dirigido a los defraudadores que no se acogieran a la amnistía fiscal ha calado hondo; y no menos cierto es también que el poder aflorar rentas ocultas de ejercicios no prescritos al 10% es una auténtica ganga, ya que dado que lo que se regulariza es el rendimiento de los bienes y cuentas afloradas, al final supone realmente un gravamen efectivo de entre un 1 y un 3%, una cantidad ínfima sobre la base declarada, sobre todo si lo comparamos con el tipo medio de gravamen que nos sale en nuestra declaración de IRPF todos los años. Si a esto unimos el hecho de que podrían producirse algunas situaciones insólitas que incluso rozan el disparate, como el que la regularización extraordinaria podría conseguir que la declaración de IRPF salga a devolver, podemos afirmar que esta medida sería sin duda, para los defraudadores, la mejor de las que históricamente se han ido aprobando por los Gobiernos anteriores.

Como era previsible, el grueso de las declaraciones que, al final, se han presentado, lo hicieron el último día de plazo, es decir, el 30 de noviembre lo que colapsó los servicios web de la Agencia Tributaria ocasionando importantes trastornos a los interesados y sus representantes fiscales. No obstante, me gustaría aclarar algo que muchos contribuyentes aún desconocen (Art. 9.4 de la Orden HAP/1182/2012) y que resulta de aplicación en declaraciones como la del modelo 790: el hecho de poder presentarla telemáticamente hasta el segundo día hábil siguiente al último de plazo concedido, es decir, que podríamos haber llegado hasta las 23:59:59 h. del lunes 3 de diciembre, claro está, siempre que pudiera justificarse por cualquier medio admitido en Derecho las razones de carácter técnico que impidieran su presentación, un concepto el de “carácter técnico”, que no ha sido definido aún… Por este motivo, muchas entidades financieras habían anunciado estos días ante la previsible avalancha, que ofrecerían la posibilidad de generar el NRC para estas declaraciones hasta el mismo día 3.

Finalizado ya el plazo cabe ahora preguntarse ¿Éxito o fracaso el de la amnistía fiscal? A mi modo de ver, observo un pequeño (y no por ello menos importante) fracaso y un gran éxito. Fracaso, porque evidentemente, a pesar de la avalancha de los últimos días, no se ha llegado ni por asomo a la cifra que estimaba el Gobierno, algo que en el fondo, estaba en la mente del propio Ministro Montoro, y en parte también porque muchas de las deudas ya están prescritas. Éxito, porque del importe que al final se haya recaudado, mucho o poco, significará que han aflorado bienes por un importe 10 veces superior, unos activos que ya aparecerán a partir de ahora en los ordenadores de la A.E.A.T., Catastro, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, de forma que a partir del próximo año y en los sucesivos, se empezará a tributar también por ellos. Pensemos a título de ejemplo en: Impuesto de Patrimonio, Sucesiones y Donaciones, Transmisiones Patrimoniales, Sociedades, IVA, etc. En definitiva, podemos observar un efecto favorable, difícil de medir pero real a todas luces, ya que inyectará liquidez en el sistema con el añadido de los futuros ingresos para las arcas públicas. También ha contribuído al éxito a mi modo de ver, las declaraciones complementarias que se han ido presentando para regularizar la situación pero sin acogerse a la amnistía, de las que no se han facilitado cifras oficiales. Por todo ello, me permito concretar que esta medida, a pesar de todo, ha sido un éxito a medio plazo, sobre todo, por la posibilidad que ofrece de generar ingresos en el futuro.

Sin embargo, y como mencionaba en el título de este post, lo peor está aún por llegar. Dado que la referida amnistía únicamente permitía regularizar rentas ocultas a efectos de IRPF y Sociedades y Renta de no Residentes, quedan al margen de ésta Impuestos de gran impacto que pueden ser objeto de comprobación si al final no se cumple la “promesa” de no inspeccionar ni perseguir a los que se acojan a esta medida. Aquellos que hayan optado por utilizar los servicios de asesores fiscales expertos, no tendrán problemas porque habrán hecho lo adecuado, pero los que no, puede que se hayan olvidado que, por si acaso, deberían regularizar también vía declaraciones complementarias en aquellos Impuestos que, como he mencionado, han quedado fuera de la amnistía, ya que de lo contrario, podrían dirigirse contra ellos y terminarían pagando por un lado lo que se habrían ahorrado por el otro.

Dicho ésto me permito apuntar un gran problema del que la Agencia Tributaria tiene conocimiento desde hace bastantes años, que sigue sin ponerle remedio y que, en esta ocasión, además, ha traído importantes consecuencias para algunos de los sujetos acogidos a esta figura. Se trata del hecho de presentar declaraciones complementarias para aportar nuevos datos pero cuyo resultado final es de cuota cero. Me refiero, por ejemplo al Impuesto sobre el Patrimonio, en el que Comunidades como la de Madrid, siguen manteniendo vigente la exención de su cuota. En este caso no se puede presentar telemáticamente una declaración complementaria a la que, por otro lado, están obligados a hacerla por esta vía. Ni siquiera cabe la posibilidad de declarar 1 € de cuota, que es lo que tradicionalmente han venido haciendo los asesores fiscales cuando se encontraban en situaciones como ésta, ya que al estar bonificada el 100% de la cuota, ésta no puede tener resultado positivo. Ante situaciones como la que describo ¿Deben de presentarse este tipo de declaraciones complementarias? Os dejo con la intriga…

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3 Respuestas a “¿Éxito o fracaso de la amnistía fiscal? Lo peor está aún por llegar”

  1. Andres Sanz dice:

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